Prisioneros del pasado no buscamos la verdad
Por Ernesto Martinchuk (*)
Si deseamos colaborar eficazmente a configurar una sociedad mejor, más solidaria y más justa debemos poner al descubierto los Ardiles de la manipulación y aprender a pensar con todo rigor. No es muy difícil, sólo es necesario con un poco de atención para permitirnos delatar conceptos y visualizar la realidad. Es necesario conquistar la libertad día a día frente a quienes intentan arteramente dominarnos con los recursos de esa forma de ilusionismo mental que es la manipulación. Manipular equivale a manejar. De por sí, lo único susceptible de manejo son los objetos. Una cartera, una lapicera, un libro, pueden ser utilizados con distintos fines, mantenerlos, canjearlos, o simplemente desecharlos. Uno está en su derecho, porque se trata de un objeto. Manipular es tratar a una persona o grupo de personas como si fueran objetos, con el fin de dominarlos fácilmente. Esto significa rebajar a la persona de nivel, en síntesis, un envilecimiento.
Platón entendió por “eros” la fuerza misteriosa que eleva al hombre a regiones cada vez más altas de belleza, bondad y perfección. Actualmente se entiende por “erotismo” el manejo de las fuerzas sexuales con desenfado, sin más criterio y norma que la propia satisfacción inmediata. Obviamente, esta reclusión en el plano de las ganancias inmediatas supone una regresión cultural.
A todo esto, manipula quién quiere vencernos sin convencernos, seducirnos para que aceptemos lo que nos ofrece sin darnos razones. El manipulador no habla a nuestra inteligencia, no respeta nuestra libertad, actúa astutamente sobre nuestros centros de decisión a fin de arrastrarnos a tomar las decisiones que favorecen sus propósitos. Esto sucede con la publicidad, que se limita a influir sobre tu voluntad, de forma artera. No te engañan, sino que te manipulan, lo cual es una forma sutil de engaño, halagando tu apetito de sensaciones gratificantes a fin de orientar tu voluntad hacia la compra de un producto, no para complacerte o ayudarte a desarrollar tu personalidad. Te han reducido a la calidad de mero cliente. Esa forma de reduccionismo, es la esencia de la manipulación.
Ese tipo de manipulación comercial suele ir unida con otra mucho más peligrosa todavía: la manipulación ideológica, que impone solapadamente, ideas y actitudes, gracias a la fuerza de arrastre de ciertos recursos estratégicos. La propaganda comercial difunde, a menudo, la actitud consumista y la hace valer bajo pretexto de que el uso de tales o cuales productos o artefactos, son signos de una posición social y de progreso.
Cuando se quieren imponer actitudes e ideas referentes a cuestiones básicas de la existencia, relativas a la política, la economía, la ética, la religión… La manipulación ideológica adquiere suma peligrosidad. Por “ideología” entendemos un sistema de ideas esclerosado, rígido, que no suscita adhesiones por carecer de vigencia y, por tanto, de fuerza persuasiva.
Si un grupo social lo asume como programa de acción y quiere imponerlo a ultranza, sólo tiene dos recursos:
1- La violencia, y aboca a la tiranía,
2- La astucia y recurre a la manipulación.
Las formas de manipulación practicadas por razones “ideológicas” suelen mostrar un notable refinamiento, dado que son programadas por profesionales.
El manipulador ideólogo intenta modelar el espíritu de personas y pueblos a fin de adquirir dominio sobre ellos de forma rápida, contundente, masiva y fácil. ¿Cómo es posible dominar al pueblo de esta forma? Reduciéndolo de comunidad a masa. Las personas, cuando tienen ideales valiosos, convicciones éticas sólidas, voluntad de desarrollar todas las posibilidades de su ser, tienden a unirse entre sí solidariamente y estructurarse en comunidades. Debido a su cohesión interna, una estructura comunitaria resulta inexpugnable. Puede ser destruida desde fuera con medios violentos, pero no dominada interiormente.
El Lenguaje
El lenguaje es el mayor don que posee el ser humano, pero el más arriesgado. Es ambivalente: el lenguaje puede ser tierno o cruel, amable o displicente, difusor de la verdad o propalador de la mentira. El lenguaje ofrece posibilidades para descubrir en común la verdad, y facilita recursos para tergiversar las cosas y sembrar la confusión. Con sólo conocer tales recursos y manejarlos hábilmente, una persona poco preparada pero astuta puede dominar fácilmente a personas y pueblos enteros si éstos no están sobre aviso.
El lenguaje crea palabras, y en cada época de la historia algunas de ellas se cargan de un prestigio especial de forma que nadie osa ponerlas en tela de juicio. Las palabras nunca son inocentes. Pueden ser fugaces y rápidas como el viento, pero dejar las huellas de un huracán. Pueden construir o destruir una ilusión en un segundo. Pueden estimular o desmotivar a una persona. Pueden llevar alegría o tristezas. Están ahí para enaltecer o hundir a una persona. A veces no da lo mismo una palabra que otra, por mucho que el diccionario nos diga que son sinónimos.
Las palabras pueden ser objeto de apropiación indebida y en vez de decir lo que significan puede inducir a errores. Con su uso incorrecto los discursos pueden cometer crimen de lesa verdad al manipular las palabras, forzándolas a ir más allá de la idea que ellas connotan. Las palabras no son adornos, son los materiales de nuestro pensamiento.
Decía el periodista polaco Kapuscinski que, el comienzo de las guerras no lo marca el primer disparo con un arma de fuego, sino el cambio del lenguaje. El lenguaje del odio llega antes que las bombas.
Manipulación en la “Década ganada”
La manipulación del lenguaje durante la denominada "década ganada" en Argentina (2003-2015) constituyó una estrategia central para la construcción de una hegemonía política y cultural. A través de lo que analistas denominan "el relato", se buscó redefinir la realidad social mediante el uso de "palabras amuletos" y la creación de antagonismos discursivos.
Decíamos ayer que el término "década ganada", acuñado por Cristina Fernández Vda de Kirchner en 2013, funcionó como un paraguas semántico para sintetizar un balance positivo frente a la crisis de 2001. Este marco permitió naturalizar términos oficiales con palabras cargadas de significado que fueron instaladas para que, sectores de la sociedad se sintieran representados.
El discurso no sólo transmitía datos, sino que procuraba ejercer una dirección ideológica y moral sobre la voluntad colectiva. Se logró bastardear conceptos críticos que vaciaron de contenido original, términos históricos para adaptarlos a intereses coyunturales del gobierno. La comunicación política de este período se caracterizó por un modelo binario que dividía a la sociedad en campos opuestos: Amigo/Enemigo. Se construyeron así identidades políticas mediante la descalificación de adversarios, identificados frecuentemente como "neoliberales", “vende patria”, “gorila” o "corporaciones mediáticas".
Por otra parte, se instaló la duda sobre la "objetividad periodística", transformando a los medios tradicionales en actores políticos opositores. El análisis narrativo identifica motivos recurrentes como el "militante peronista" y el "Bicentenario", usados para ligar la gestión con gestas históricas. Recordamos las declaraciones del director de la ex agencia oficial de noticias Télam, Martín García, quien afirmó que: prefería a los militantes que a los periodistas profesionales, y comparó a estos últimos con “prostitutas”, que escriben mentiras en defensa de los intereses de los que les pagan. Los militantes, en cambio, escribimos la verdad al servicio del pueblo. Soy primero militante, después periodista". Esta política también se llevó a cabo en las universidades nacionales de Periodismo, Sociales, Derecho y de formación docente. Hoy los resultados están a la vista. La manipulación no fue sólo conceptual, sino también técnica y formal.
A todo esto, el uso frecuente Cadena Nacional, permitió una comunicación directa sin mediaciones periodísticas, saturando el espacio público con el discurso oficial, y el gasto indiscriminado en pauta publicitaria fue una herramienta para condicionar la línea editorial en cientos de medios gráficos, televisivos, radiales y digitales creados para tal fin.
El Rol de los Derechos Humanos
El discurso de los Derechos Humanos fue el pilar sobre el cual se edificó la nueva legitimidad política desde 2003. Se utilizó como el valor supremo que justificaba el proyecto de gobierno y permitía descalificar cualquier oposición bajo el mote de "cómplice" del pasado.
Un mito fundacional fue la bajada de cuadros de Néstor Kirchner y la anulación de leyes de impunidad fueron narradas no sólo como “actos de justicia”, sino como el inicio de una nueva era política. Esta arquitectura lingüística logró que el lenguaje pasará de ser un medio de comunicación a ser un arma de persuasión, donde la verdad a menudo fue reemplazada por la interpretación ideológica de los hechos. “Yo sólo veo gente contando plata”.
Con el debate de la ley de aborto, los responsables, la justificaban con el argumento de que: “La mujer tiene un cuerpo y hay que darle libertad para disponer de ese cuerpo y de cuanto en él acontezca”. Es oportuno aclarar que la afirmación que dice que “la mujer tiene un cuerpo” es incorrecta porque ni la mujer ni el varón tenemos cuerpo; somos corpóreos. El verbo tener se utiliza cuando se refiere a realidades poseíbles, es decir un objeto.
La militancia feminista en sus canticos repetía: ¡No fue suicidio fue feminicidio! … ¡Hay que abortar, hay que abortar, hay que abortar este sistema patriarcal! ¡Soy dueña de mi cuerpo!!! "Abajo el patriarcado" y "Si tocan a una, nos tocan a todas", Si el papa fuera mujer! El aborto ya sería ley! ¡Ni una menos! ¡Vivas nos queremos!...
Durante el período conocido como "década ganada", se utilizaron términos clave para consolidar el relato político, polarizar y destacar logros. Frases como: "la fuerza de la historia", "los medios vendidos" y "destituyentes" se emplearon para moldear la opinión pública y señalar a la oposición. Los conceptos y palabras clave más comunes fueron: "Década kirchnerista" (para autodefinirse), "Golpe de estado", "Golpe blando", "Los medios" o "Clarín miente" (como enemigo político), "Néstor", "Cristina", "La familia", “Él” (cuando Néstor murió) "Modelo", "Proyecto nacional y popular", "Cheto", "La corpo", “Compañeras y compañeros”, “Estimadas y estimados”, “Todos y todas”, “niños y niñas”, “niñeces”, “vecines”, “Chicos y chicas”.
Todo esto se ve claramente cuando se reflexiona, pero la vía rápida de la manipulación opera con extrema celeridad para no dar tiempo de pensar y someter a reflexión detenida cada uno de los temas. Y para ello no se detiene a justificar lo que afirma, lo da todo por consabido y lo expone con términos ambiguos. Esto le permite que, a la gente a la que se dirige, no tenga elementos de juicio para clarificar las cuestiones por sí misma y al no profundizar está predispuesto a dejarse arrastrar. En todo momento, el manipulador se esfuerza en cegar el sentido crítico de la gente. El vértigo anula poco a poco la creatividad humana de discernir.
"No fue magia" fue una frase icónica de la ex presidenta Cristina Fernández Vda de Kirchner, usada principalmente entre 2011 y 2015 para resaltar que los logros de su gestión, como la recuperación de YPF, políticas sociales (ANSES), -matrimonio igualitario, obligo al Estado a solventar las operaciones de cambio de sexo- poner en órbita el satélite Arsat, se debieron a la planificación, la política y la gestión de gobierno, no a factores mágicos. “El Estado presente”. Fue Ortega y Gasset quién sostenía: “¡cuidado con los términos, que son los déspotas más duros que la Humanidad padece!”.
Por su parte, un especialista en revoluciones y conquista del poder, José Stalin, afirmó: "De todos los monopolios de que disfruta el Estado ninguno será tan crucial como su monopolio sobre la definición de las palabras. El arma esencial para el control político será el diccionario".
El lenguaje plantea las grandes cuestiones de la vida. Una forma sesgada, subrepticia, de engañar sin preocuparse de convencerlo es la de repetir una y otra vez, a través de los medios de comunicación, de las aulas de las escuelas, universidades y edificios públicos, ideas o imágenes cargadas de intención ideológica. No se entra en cuestión, no se demuestra nada, no se va al fondo de los problemas. Sencillamente se lanzan proclamas, se hacen afirmaciones contundentes, se propagan eslóganes a modo de sentencias cargadas de sabiduría. Este bombardeo diario configura la opinión pública, porque la gente acaba tomando lo que se afirma como lo que todos piensan.
La cifra de 30.000 desaparecidos en Argentina representa una estimación simbólica y política de la magnitud del terrorismo de Estado durante la última dictadura cívico militar (1976-1983), sostenida por organismos de derechos humanos. Aunque los registros oficiales del informe “Nunca Más”, - del que el peronismo no participó- documentan cerca de 8,000 casos. La cifra de 30.000, qué aún hoy siguen publicitando- fue establecida por Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, como una consigna política. Luis Labraña, ex miembro de la organización Montoneros, ha declarado en diversas ocasiones haber sido él quien propuso esa cifra específica durante un encuentro en Ámsterdam para obtener apoyo internacional.
Peronismo - Kirchnerismo
Tanto el gobierno de Juan Domingo Perón como el de Néstor Kirchner y fundamentalmente Cristina Elisabet Fernández Vda de Kirchner, como gran oradora, utilizaron el lenguaje como una herramienta central para construir poder, definir identidades y establecer una división clara entre aliados y enemigos. El peronismo clásico (1946-1955) transformó el habla cotidiana integrando términos de la justicia social y el trabajo. Su estrategia se basó en la sacralización de la política y la creación de un sistema de valores propio.
Se apropió y resignificó el término despectivo "cabecitas negras" y elevó la figura del "descamisado" a un estatus místico y heroico y estableció las "Veinte Verdades Peronistas", un conjunto de dogmas que funcionaban como guía moral y política, simplificando conceptos complejos en frases memorables como:
- En la NUEVA ARGENTINA los únicos privilegiados son los niños.
- Un gobierno sin doctrina es un cuerpo sin alma. Por eso el peronismo tiene una doctrina política, económica y social: el Justicialismo.
- El Justicialismo es una nueva filosofía de la vida, simple práctica, popular, profundamente cristiana y profundamente humanista.
- Como doctrina económica, el Justicialismo realiza la economía social, poniendo el capital al servicio de la economía y ésta al servicio del bienestar social.
- Queremos una Argentina socialmente Justa, económicamente Libre y políticamente Soberana.
- Constituimos un gobierno centralizado, un estado organizado y un pueblo libre.
- Los dos brazos del peronismo son la justicia social y la ayuda social. Con ellos damos al pueblo un abrazo de justicia y amor.
- Para un peronista no puede haber nada mejor que otro peronista.
El lenguaje también se usó para distanciarse tanto del capitalismo como del comunismo, posicionando al peronismo como una solución única y nacional. En sus discursos, Perón utilizaba un tono combativo hacia la "oligarquía" y los "vende-patria". Una frase célebre de esta época es el discurso del "cinco por uno", el 31 de agosto de 1955, donde amenazaba con una respuesta violenta a la oposición.
Perón introdujo el concepto “Comunidad Organizada” para proponer un modelo donde el individuo se realiza sólo dentro del conjunto social, integrando a la familia y las organizaciones sindicales como pilares del lenguaje estatal. “Perón cumple, Evita dignifica”, “Evita la abanderada de los humildes”, “La vida por Perón”.
El lenguaje kirchnerista
El kirchnerismo (2003-2015 / 2019-2023) modernizó el discurso peronista, enfocándose en la "batalla cultural" y la construcción de un "relato" que buscaba reinterpretar la historia argentina. Con el "relato", se refiere a una narrativa coherente donde el gobierno se presenta como el continuador de las luchas populares históricas, especialmente las de los años 70.
Recordemos que la ruptura definitiva entre Juan Domingo Perón y la organización guerrillera Montoneros, ocurrió el 1 de mayo de 1974 en la Plaza de Mayo, cuando en su último discurso, calificó a los militantes de la tendencia revolucionaria como "imberbes", "estúpidos" e "infiltrados", provocando que se retiraran de la plaza. Esta fractura selló la división interna del peronismo, profundizada tras el asesinato de José Ignacio Rucci y en un contexto de alta violencia política dentro y fuera del movimiento.
En el lenguaje de la construcción del enemigo el kirchnerismo se centró en identificar actores específicos como antagonistas: los "medios hegemónicos", la "justicia adicta", las "corporaciones" y el "neoliberalismo". Fue entonces cuando Cristina Fernández Vda de Kirchner utilizó intensivamente la historia en sus discursos por cadena nacional, para asociar a opositores con figuras negativas del pasado, donde incluía, a menudo, la descripción catastrófica del país antes de su gestión, la denuncia de culpables externos y su propia exaltación como la "salvadora" de la sociedad, usando casi diariamente la cadena nacional.
Ambos movimientos -peronismo y kirchnerismo- coinciden en el uso de una gramática de confrontación que divide el campo político en dos polos irreconciliables, (La Grieta) técnica que ha sido objeto de estudio por su impacto en la polarización social en Argentina.
El rumor
Existen diversos medios para dominar al pueblo sin que éste se dé cuenta. Tres personas hablan mal de una cuarta, y alguien le cuenta a ésta exactamente lo que le han dicho, pero altera un poco el contenido, agregando o alterando palabras. En vez de decir que tales personas en concreto han dicho esto, indica que, lo dice la gente. Con esto no sólo le infunde miedo a esa persona sino, angustia, que es un sentimiento mucho más difuso y penoso. El miedo es el temor ante algo adverso que hace frente de manera abierta y permite tomar medidas. La angustia es un “miedo envolvente”, sin saber a dónde o a quién acudir.
¿Dónde está la gente que ataca con su maledicencia? La gente es una realidad anónima, envolvente, a modo de niebla que bloquea y produce angustia. Tal angustia es provocada por el fenómeno sociológico del rumor, que suele ser tan poderoso como cobarde debido a su anonimato. "Se dice que tal ministro realizó una evasión de capitales". ¿Quién lo dice? La gente, es decir, nadie concreto y potencialmente todos. Recordemos que el rumor es un arma psicológica utilizada durante los conflictos bélicos para desalentar tanto a los ejércitos como a la población.
La redundancia desinformativa tiene un poder insospechado de crear opinión, hacer ambiente, fundar un clima propicio a toda clase de errores. Basta establecer un clima de superficialidad en el tratamiento de los temas básicos de la vida para hacer posible la difusión de todo tipo de falsedades. Hoy lo trivial desplazó lo importante. La frase más famosa atribuida a Joseph Goebbels sobre la mentira es: “Una mentira repetida mil veces se convierte en una gran verdad”. Ciertamente, mil mentiras no hacen una sola verdad. Pero una mentira o una media verdad repetida por un medio de comunicación y ahora generando por imágenes a través de la Inteligencia Artificial, se convierte en una verdad de hecho, y se constituye en una "creencia", que no cabe discutir sin exponerse al riesgo de quedar en ridículo. Al formar este tipo de "creencias", la propaganda manipuladora tiende a tener un control soterrado de la mente, la voluntad y el sentimiento de la mayoría.
Marshall Mcluhan, el gran teórico de la comunicación fue quién acuñó la expresión: "el medio es el mensaje": no se dice algo porque sea verdad; se toma como verdad porque se dice en un medio. La televisión, la radio, la prensa escrita o digital, todo lo que tiene que ver con las redes y las cadenas de noticias, los espectáculos de diverso orden tienen un inmenso prestigio para quien los ve como una realidad prestigiosa, que se impone desde un lugar para muchos inaccesible. Es insospechable el poder que implica la posibilidad de hacerse presente en los rincones más apartados, penetrar en los hogares y hablar a multitud de personas, sin levantar la voz, de modo sugerente…
Hoy es imposible, de hecho, reducir el alcance de los medios de comunicación o someterlos a un control eficaz de calidad. No hay más defensa fiable que una debida preparación por parte de cada ciudadano. Pensar con rigor, con criterio, con sentido común, es un arte que debemos cultivar. El que piensa con rigor es difícilmente manipulable. Un pueblo que no cultive el arte de pensar con la debida precisión está en manos de los manipuladores.
George Bernanos afirmó en las célebres “Conversaciones de Ginebra”, en 1946, que “el mundo no podrá salvarse más que por los hombres libres”. Esa libertad interior es destruida por la manipulación. De ahí que delatar la estrategia manipuladora es una tarea que todos debemos realizar con decisión si queremos salvar nuestra condición de hombres libres.
Los “daños colaterales” de la “Década Ganada”
(*) Autor del ebook “Periodismo para Profesionales” Amazon, Apple, Google