Cuando estamos llenos de sospechas, lo único que podemos hacer es, hacer preguntas…
Las personas creemos estar informadas por la sobredosis de noticias que recibimos diariamente –hoy se lee en un día lo que en el siglo XVIII se tardaba casi una vida–, pero, en realidad, se reciben las coberturas que los grandes medios y las redes desean difundir. ¿Existe una diabólica agenda que pauta cada día, “Noticias Basura”, “Fake News” o “Bulos” que se difunden significativamente en todos los países?
La palabra “infotretenimiento” (infotainment) comenzó a ser utilizada en la década del ’80 por el académico Carl Jensen, quien agregó que las “Noticias basura son bocadillos azucarados, pero nada nutritivos para el consumidor”. Los ciudadanos “engordan” alimentándose con “comida chatarra”, porque es más barata, y la gente es forzada a consumir “noticias basura”, que aumentan su obesidad cultural y mental en vez de informarlas en forma veraz.
Hoy no nos asombran los periodistas que incursionan en el mundo de la publicidad o del espectáculo. Suelen “vendernos” desde un seguro hasta un yogurt. En muchos medios el segmento policial está auspiciado por la publicidad de puertas blindadas, el económico por cajas de seguridad y el de salud por una clínica privada. Pareciera que la calle de la “empresa periodística” y el “periodismo” se ha convertido en una avenida de doble mano. Ese “periodista”, seguramente, no tocará temas que involucren negativamente a su auspiciante.
El “Periodismo Basura” presenta historias que abordan asuntos importantes manipulando historias, trivializándolas o personalizadas, para, a menudo, derivar en un relato divorciado de los criterios de interés general original.
Por otra parte, asistimos a un nuevo fenómeno: muchos noticieros apelan a las imágenes existentes en YouTube o en las redes sin chequear, si son reales o armadas. Es significativo el tiempo que en los noticiarios de televisión destinan a banalidades sensacionalistas, en vez de ofrecer noticias que hacen al desarrollo tecnológico, la nanotecnología, la cultura, la educación, la salud, el desarraigo, la migración interna, la planificación urbana o rural, el agua, las fuentes de energía, la minería o problemas que hacen a la calidad de vida vigentes en el país todo. Nos han enseñado a vivir el presente sin proyectarnos hacia el futuro como personas y país. La clase dirigente, también los empresarios y muchos destacados periodistas sólo se ocupan de salvaguardar sus intereses.
Hoy las noticias falsas o fake news se han convertido en un negocio económico y político. Como ocurrió ayer con la Guerra de Malvinas, o la invasión de Ucrania por parte de Rusia, o la situación en Gaza, la guerra con Irán también se está librando en el terreno digital. Gobiernos, activistas y creadores online producen fake news y videos con Inteligencia Artificial que distorsionan el conflicto, generan tráfico e influencia y hasta impactan en los mercados. Sabemos que en cualquier conflicto bélico, la primera víctima es la verdad y que la desinformación en medio de los conflictos existe desde siempre, pero en la era de las redes sociales, donde cualquier persona con mínimos conocimientos tecnológicos puede generar versiones virales, una guerra como la que enfrenta a Irán con Israel y Estados Unidos puede convertirse en un verdadero negocio de noticias falsas.
Según el diario norteamericano, New York Times, -un medio habitualmente muy crítico del presidente de Estados Unidos Donald Trump- le dedicó un análisis a esta problemática y concluyó que la televisión y las redes sociales manejadas desde Teherán proyectan “una visión desafiante y distorsionada de la guerra”. Los medios estatales “y los propagandistas online mantienen una postura confiada, a pesar de las grandes pérdidas”, indica la nota. “Parte del contenido” producido por esos medios, remarca el Times, “fue generado por inteligencia artificial (IA)”. “Se trata, -añade- de una guerra de información paralela a los combates del mundo real, mezclando hechos y ficción, a menudo utilizando afirmaciones no probadas y videos falsos”.
Debemos destacar que, las aplicaciones de IA para video han crecido vertiginosamente, las imágenes son mucho más convincentes para el ojo no experto y están a disposición no sólo de los gobiernos y otros agentes estatales sino también de cualquier freelance audaz.
Por otra parte, un estudio de la Universidad de Baltimore, en colaboración con la firma de ciberseguridad CHEQ, estimó en el 2019 que el costo anual de las noticias falsas llegaba a 39.000 millones de dólares en pérdidas bursátiles y otros 17.000 millones en malas decisiones financieras derivadas de esa desinformación. Este informe -citado en un reporte del Foro Económico Mundial- señalaba que el costo financiero total de las fake news “rondaba los 78.000 millones de dólares anuales a nivel mundial”. Si bien no producen dinero de manera directa, generan tráfico de influencias que se pueden monetizar a través de patrocinios o negocios ilegales. Parte de esa “influencia” negociable es también el poder impactar en los mercados.
Por tal motivo, muchos canales anónimos o “periodistas militantes”, inundan a los usuarios con: URGENTE… ÚLTIMA HORA… ALERTA MÁXIMA… MÁXIMA TENSIÓN… actualizaciones, imágenes y videos sin verificar.
La era de la imagen
A principios de 2026, la población mundial supera los 8.300 millones de personas, mientras que las conexiones móviles superan los 12.170 millones. Esto significa que existen miles de millones más de conexiones activas que personas, reflejando el uso de múltiples dispositivos por usuario y una penetración de telefonía móvil superior al 75% a nivel global.
Los móviles transformaron el acceso a la “información”. Poco importa que las civilizaciones se hayan desarrollado en la escritura y que haya sido el lenguaje oral el primer modo de comunicación entre los hombres, hoy la información es fundamentalmente imagen.
Desde la prehistoria el hombre ha sido hacedor de imágenes. Ahí está el célebre bisonte grabado en las paredes de las cuevas de Altamira. Pero hubo que esperar hasta el advenimiento de la fotografía para conocer las primeras imágenes creadas por la máquina.Luego, el cine les otorgaría movimiento. En la salida de los obreros de los talleres de los hermanos Lumiére, filmada en el año 1895 puede verse como un noticiero preanunciaba el futuro poder de la televisión. Sin embargo, por aquellos años nadie pensaba en eso. La gente consideraba al cine como un mero proveedor de fantasías. Todo lo que se proyectaba sobre la pantalla era ficción, incluso los noticieros cinematográficos.
En aquellos tiempos la verdadera información se leía en los periódicos o se oía por radio. Hoy la TV y la web son las principales fuentes de noticias. Pero para que haya noticias es imprescindible que haya imagen. Es esencial mostrar lo que se está contando. Es indeclinable, el código televisivo se ha trasladado a la prensa gráfica y a la radio, tal como lo señalara Giovanni Sartori, está transformando al homo sapiens en homo videns, la sociedad teledirigida.
El hombre contemporáneo sólo cree en lo que ve. Pero hay una esencial diferencia entre ver y entender. Para entender es necesario leer; para ver, sólo basta con mirar. Hay muchas imágenes, pero poco contenido. La televisión y las redes se han convertido en un espectáculo, y los espectáculos no se piensan: se miran. Leer, por el contrario, es un puro ejercicio del pensamiento.
Los medios dictan las normas
Desde hace tiempo, la norma la dictan los medios y no las academias o los escritores. Si los grandes medios de comunicación empiezan a decir determinada palabra, ésta se impone al margen de lo que digan las academias. La televisión, la radio y las redes, son las que fijan el imaginario y el impacto masivo, que no sólo rige la reproducción de ese lenguaje indeterminado sino que, lo multiplican a través de sus principales figuras. No sólo se vulgariza la lengua, que es nuestra herencia cultural, sino que se la empobrece con el argumento de que al público le gusta. Esa pobreza en la calidad de vida porque el ciudadano que no puede expresarse es cautivo de sus limitaciones y carece de matices y de precisión para comunicarse. Hoy un adolescente maneja su comunicación con no más de 100 palabras, de la cuales la mitad son malas palabras.
El español es una lengua tan homogénea que es casi imposible que dos personas del mundo hispánico de nivel sociocultural alto o medio no se entiendan hablando. La mayoría de las palabras son utilizadas por todas las variedades del español, pero hay otra pequeña porción (alrededor del 20%) que es privativa de una variedad. La globalización léxica es la sustitución de palabras de una variedad por otras que no son del español general sino de otra variedad. Esto es muy diferente a que un hablante elimine conscientemente términos de su propia variedad, para ser entendido, reemplazándolos por términos pertenecientes al español general u a otro idioma. De ahí nace la “opinión pública” que, durante los próximos días, meses, años y tal vez décadas repetirá como dogma una verdad absoluta.
El profesor YRNE GIL, ha dicho: “Estamos viviendo una guerra de Cuarta Generación”, y manifiesta: “Un ejército invisible se está apoderando de su mente, de su conducta y de sus emociones. Su voluntad está siendo tomada por fuerzas de ocupación invisible sin que usted sospeche nada. Las batallas ya no se desarrollan en espacios lejanos, sino en su propia cabeza. Ya no se trata de una guerra por conquista de territorios, sino de una guerra por conquista de cerebros, donde usted es el blanco principal”. En el mismo sentido, Chomsky afirma que “la imagen del mundo que se presenta al público tiene muy poco que ver con la realidad. La verdad del asunto se encuentra enterrada bajo un cúmulo de mentiras”.
Vemos, entonces, cómo la guerra psicológica es un poderoso instrumento que han utilizado gobiernos, grandes medios de comunicación masiva y redes, para imponer sus criterios, infundir miedos, suscitar odios, inducir a actitudes inhumanas, hacer pensar a las multitudes cómo piensan los dueños del poder y así defiendan enérgicamente los intereses de éstos.
Georges Perec, en su libro “Lo infraordinario”, dice: “Quien nos habla, me da la impresión, es siempre el acontecimiento, lo insólito, lo extraordinario: en portada, grandes titulares. Los trenes sólo empiezan a existir cuando descarrilan y cuantos más muertos hay, más existen; los aviones solamente acceden a la existencia cuando los secuestran; el único destino de los coches es chocar contra los árboles: cincuenta y dos fines de semana al año, cincuenta y dos balances: ¡tantos muertos y tanto mejor para las noticias si las cifras no cesan de aumentar! Es necesario que tras cada acontecimiento haya un escándalo, una fisura, un peligro, como si la vida no debiera revelarse nada más que a través de lo espectacular, como si lo elocuente, lo significativo fuese siempre anormal: cataclismos naturales o calamidades históricas, conflictos sociales, escándalos políticos... La prensa diaria habla de todo menos del día a día. La prensa me aburre, no me enseña nada; lo que cuenta no me concierne, no me interroga y ya no responde a las preguntas que formulo o que querría formular”.
Peter Handke, en el libro “Preguntando entre lágrimas”, plantea la necesidad de buscar otro lenguaje, uno distinto al de la lógica periodística que tan saturada y acorralada (de incomprensión) mantiene a la sociedad. “¡Liberad por fin el lenguaje! Aprendamos el arte de hacer preguntas”, termina sugiriendo Handke. El diagnóstico hace rato que se tiene, más pronto que tarde habrá que diseñar un nuevo aprendizaje que, sin dogmas, sea capaz de devolverle al periodismo su papel de vocero de todas las realidades. De lo contrario, el periodismo como necesidad social, morirá y dará paso al nacimiento de una nueva forma de comunicación desde perspectivas.
La tecnología transforma la sensibilidad con que los sujetos conocen y abordan la realidad; desde el daguerrotipo, pasando por el cine, la televisión hasta hoy el smartphone, surge entonces una inquietud o preocupación por la posibilidad de generar experiencias colectivas de creación-comunicación dentro de un marco de formación de la sociedad.
Los periodistas, al igual que los médicos durante la pandemia del 2020, tuvieron que evolucionar en su forma de pensar, pero también en su forma de enfrentar la emergencia sanitaria. Los medios de comunicación se vieron enfrentados a dos nuevas realidades: una, reinventarse para cubrir las noticias sin correr riesgo, y otra, autoevaluarse frente a una audiencia que exigía más información frente a la incertidumbre que estaban viviendo encerrados en sus casas por la cuarentena.
De este modo, la audiencia empezó a consumir información desde todo tipo de plataformas digitales en donde, las noticias falsas (fake news o Bulos), que generaban pánico en la población, empezaron a cobrar mucha fuerza.
Fue allí donde los medios tradicionales jugaron un papel importante para informar, sin generar pánico y buscar el bienestar de la sociedad a través de información oficial, verificada y contrastada. La agenda de los medios cambió y los titulares que antes estaban destinados a noticias judiciales, de política y orden público fueron desplazados por los temas científicos y de salud. El cambio que trajo la crisis llegó para quedarse en la comunicación, y abrió puertas a nuevas posibilidades por explorar.
Hoy la televisión produce contenido escrito para su página digital, la prensa y los medios escritos producen programas de televisión digital y la radio produce contenido escrito y audiovisual. A esto se suman las redes. Todos en general, producen contenidos para teléfonos móviles o tabletas, en donde los mensajes pueden ser vistos desde cualquier plataforma y desde cualquier lugar del mundo.
Las noticias dejaron de ser exclusivas de la prensa, la radio y la televisión y se abrió la puerta para nuevos competidores. Ya no se necesitan grandes fortunas para crear un medio de comunicación digital independiente.
Los alcances que tenían los medios tradicionales fueron suplantados por nuevos medios digitales y buscadores de internet como Google, Yahoo, Telegram, YouTube, Tik-Tok, Facebook, Z (Twitter) y whatsapp. Los blogs aparecieron en la escena con analistas destacados y fuentes especializadas de mucha credibilidad, que llegaron a ser más leídos que los analistas de los medios de comunicación. Muchos entendieron que había una ventana digital descuidada y que empezaba a ganar terreno.
Cientos de medios digitales, portales, canales de internet, blogs, podcast, aparecieron en la escena y llegaron para quedarse. Pero su existencia depende en gran medida de las redes sociales: tanto los medios tradicionales como los nuevos medios digitales basan su supervivencia en medios como Twitter, Facebook, Linkedin o Instagram. Herramientas como Skype, Zoom, Google Meet, WhatsApp u otras similares han hecho que, aunque se limitara el contacto entre los periodistas y las fuentes en el día a día, no se notara esta carencia en la realización de su trabajo.
Uno de esos cambios representa para diversos analistas el fin del gran público (receptor de mensajes), generado por los medios masivos tradicionales como la radio, la televisión y la prensa; ello debido al surgimiento de una multiplicidad de públicos, con narrativas propias, opiniones y búsqueda de visibilidad.
Las pantallas que le preceden son las del cine, la televisión y la computadora. La cuarta pantalla integra a todas estas en una versión mejorada de cada una de ellas, pero su uso está condicionado a la conexión del usuario con un proveedor de servicios de internet o señal Wifi. Algunas revistas especializadas encuentran en la experiencia virtual nuevos aprendizajes. Se menciona la importante influencia que tiene la experiencia web en el comportamiento de los consumidores virtuales; la frecuente interacción de los usuarios con noticias y publicidad; o los innumerables cambios que se observan con las nuevas narrativas periodísticas como el hipertexto y el hipermedia, en la transición de la prensa al medio digital.
La presencia de los celulares ha movilizado a distintos gobiernos a prohibir esta tecnología en sus escuelas públicas, debido al efecto distractor en las aulas. Mientras que el fundador de Facebook, Mark Zuckerberg ha comentado que el futuro de las redes sociales se orientará al uso del WhatsApp, con el fin de generar una comunicación cada vez más privada, y así evitar la manipulación de información por las interacciones masivas de Facebook.
Los móviles y sus pantallas han reinventado el entretenimiento, y la información, especialmente entre los más jóvenes, convirtiéndolos en el grupo de pares con mayor poder tecnológico y telecomunicacional de todos los tiempos; a los cuales se unen millones de usuarios de celulares, que producen y consumen mensajes y mercancías en tiempo real.
El boom de las pantallas y de las imágenes en la cultura digital requiere lectores críticos, que puedan advertir la verdad y la mentira de la información; que logren complementar la experiencia virtual con entretenimiento, información y educación. Este es el desafío actual: comprender los encuadres de la realidad en el entorno virtual.
La información comienza a percibirse como un valor agregado de la economía, la medicina, la jurisprudencia, la ciencia, la tecnología, la agroindustria, y constituye un elemento de poder, toda vez que quien está mejor informado o tiene el modo de propalar mayor cantidad de información, será también el poseedor de las mayores oportunidades. El tiempo y el espacio se mueven de forma simultánea en todas direcciones y las informaciones llegan a millones de personas, no importa en el lugar del planeta en que se encuentren. Por ello, la necesidad de considerar, o bien reconsiderar, la influencia de la tecnología y de los medios de comunicación en los múltiples ámbitos sociales.
La influencia continuada
El llamado efecto de la influencia continuada se refiere a un fenómeno de la psicología cognitiva, del cual seguimos confiando en información que ha sido corregida de forma creíble a pesar de que somos conscientes de su falsedad. Esta realidad fue observada entre un tercio y la mitad de los sujetos que participaron en una investigación realizada por el departamento de psicología de la Universidad de Londres, a cargo de la Lic. Saoirse Connor Desai:
El estudio muestra esa discrepancia por lo cual la información corregida continúa influyendo en los recuerdos y la capacidad de razonar sobre ciertas situaciones, aunque admitan que dicha información se haya corregido. Cuando la gente recibe información la representamos en lo que se conoce como modos mentales; una especie de representación abstracta de una situación que nos han descrito, una de las tesis es que cada vez que corregimos información y la damos como válida, estamos generando un vacío en nuestra representación mental de dicha situación y como no nos gustan las representaciones incompletas, preferimos seguir conservando la información errónea antes de tener lagunas en la representación de un suceso determinado.
Aunque es cierto que las noticias falsas han existido siempre, ahora están más extendidas que antes, porque existen muchas fuentes de información. Esto desempeña un papel fundamental porque obviamente existen muchas fuentes de información lícitas, pero también están las noticias ciudadanas, los twitter, Facebook, Instagram, TikTok y los blogs, de gente que vive los sucesos en directo. Es decir, existen muchísimas opiniones distintas que debemos tener en cuenta cuando tratamos de entender algo que ha ocurrido. Por eso, en determinadas situaciones puede que nos cueste identificar de dónde proviene la información y que eso influya mucho en la toma de sus decisiones. La red de redes no es sólo una herramienta telemática sino también un medio de comunicación, que desafía los cánones tradicionales de los medios por una parte y de los de la sociedad por otra.
Las investigaciones realizadas, también indican que una determinada información que se había corregido, se había diseminado con la intención de engañar o si se trataba de un error, ha determinado que realmente no importa si se le dice a la gente que la información era mentira, o que era fruto de una equivocación. Esto sólo ayuda a reducir hasta cierto punto la medida en que las personas aluden a la información falsa después de que fuera corregida, pero no elimina por completo su influencia y no se percibe ninguna diferencia entre ambas situaciones.
La posverdad
La posverdad consiste en que los hechos que se conocen y son públicos, que están a disposición de todo el mundo, se oculten, muchas veces a propósito, otras sin querer y se priorizan las emociones o las creencias de las personas.
Por otra parte, si se conocen los hechos, sabemos que es la realidad, pero no tomamos eso en cuenta, posiblemente consideremos posturas que están equivocadas y eso a pequeño nivel ciudadano, comienza a generar quiebres, fragmentaciones, por lo que uno considera cierto, y otro lo considera falso, perdiéndose ese conjunto común de mundo real en el que se necesita convivir.
Lo nuevo es la velocidad en que está pasando, en la penetración que tiene el hecho de que nos pasa a todos en mayor o menor medida. Muchas veces nos cuesta hacernos cargo de lo que nos toca. Otras veces, aparecen grupos de poder que tratan de instalar determinadas verdades en muchos campos distintos y esa velocidad, esa insistencia, tal vez sea nueva, pero la idea de que existe algo que se conoce y es distorsionado o manipulado, es viejo.
¿Cómo detectar noticias falsas?
1. Analizar la sección: “Acerca de” o “About” del sitio: En los medios más confiables, esta parte de la página incluye datos importantes acerca del equipo, el financiamiento, la dirección donde funciona el medio, el contacto u otras características verificables. En aquellos sitios creados específicamente para difundir contenido falso, esta sección generalmente no existe o está incompleta. La ortografía, las referencias, los vínculos, cada uno de estos detalles nos da pistas sobre el lugar que estamos consultando.
2. Chequear links y citas: Es importante verificar las fuentes que tiene la noticia, si los vínculos que se indican como fuente no funcionan o redirigen a páginas que no están relacionadas con lo referido, el artículo ya es sospechoso y no debería compartirse. Para ello, buscar las citas mencionadas en Google u otro buscador, para verificar que efectivamente hayan sido declaraciones de las personas a quienes se les atribuye, puede ser una buena opción.
3. Desconfiar de sitios similares a los conocidos: Una estrategia de los sitios que difunden noticias falsas es utilizar un vínculo bastante similar a otros portales conocidos. Esto lo hacen para confundir al lector y que éste difunda datos falsos.
4. Consultar fuentes: Alguien que está en el lugar de los hechos puede proveer información crucial, y no se necesita ser parte de un medio con un corresponsal para poder hacer esto.
5. Búsqueda de imágenes: El contenido engañoso hace uso de fotos fuera de contexto o que no se corresponden con las originales. Con sólo buscar esas imágenes en Google, se puede fácilmente desestimar una información que es presentada como cierta.
La propagación de información falsa es un negocio real para algunos. Es necesario evitar convertirse en una de las miles de personas que dan crédito a un tweet falso al retwittear. Por otra parte, siempre existen ciertas personas con las que se puede consultar para comprobar conclusiones. Los expertos a menudo están dispuestos a difundir la verdad; es muy probable que respondan a un tweet destinado a desacreditar la información errónea en línea dentro de su campo de especialización.
A todo esto, el hecho de compartir información implica, también, un grado de responsabilidad. Un dato no es cierto por estar pegado con una foto y una noticia no puede ser verdad porque está publicada en un sitio web. Distribuir un chisme falso es como romper una almohada de plumas en la terraza de un edificio. El viento se las lleva y no existe manera de volver a ponerlas en su lugar, por mucho que uno salga en público a rectificar. Es imposible que las personas que creyeron una mentira, estén nuevamente para enterarse que existe la verdad. Basta con poner un poco de atención. Mentiras existen en todas partes, el problema está en distinguir quienes nos mienten de las personas que merecen nuestra confianza.
A largo plazo siempre ganará la verdad. Tal vez el periodista pueda pensar en que su trabajo ha fracasado al suministrar material para la historia. Pero la historia no fracasará mientras él esté con la verdad. La Ética es la moral de la consciencia.
Un poco de historia
“Damnatio memoriae” es una locución latina que significa literalmente “condena de la memoria”. Era una práctica de la antigua Roma consistente en, como su propio nombre indica, condenar el recuerdo de un enemigo del Estado tras su muerte. Cuando el Senado romano decretaba oficialmente la “damnatio memoriae”, se procedía a eliminar todo cuanto recordara al condenado: imágenes, monumentos, inscripciones, e incluso se llegaba a la prohibición de usar su nombre. Muchos emperadores también se vieron afectados por esta práctica.
La fórmula Damnatio memoriae es un término moderno que no era utilizado en la Antigüedad. El primer documento académico del cual tenemos noticia en donde se utiliza dicha expresión data de 1689 y es una tesis jurídica escrita en Leipzig por Christoph Schreiter titulada De Damnatione Memoriae.
Las palabras nunca son inocentes
Hoy que la palabra está tan devaluada, que lo trivial, lo chabacano y la mediocridad han desplazado lo verdaderamente importante, es importante recordar el valor que tiene la palabra:
Pueden ser fugaces y rápidas como el viento, pero dejar las huellas de un huracán.
Pueden construir o destruir una ilusión en un segundo.
Pueden estimular o desmotivar a una persona.
Pueden llevar alegría o tristezas.
Están ahí para enaltecer o hundir.
A veces no da lo mismo una palabra que otra, por mucho que el diccionario nos diga que son sinónimos.
Las palabras pueden ser objeto de apropiación indebida y en vez de decir lo que significan puede inducir a errores.
Con su uso incorrecto los discursos pueden cometer crimen de lesa verdad al manipular las palabras, forzándolas a ir más allá de la idea que ellas connotan.
Las palabras no son adornos, son los materiales de nuestro pensamiento…
Decía Kapuscinski: que el comienzo de las guerras no lo marca el primer disparo con un arma de fuego sino el cambio del lenguaje. El lenguaje del odio llega antes que las bombas.
Por su parte, José Saramago sostenía que: “Las palabras no son ni inocentes ni impunes, por eso hay que tener muchísimo cuidado con ellas, porque si no las respetamos, no nos respetamos a nosotros mismos”.
“Las palabras no son una cosa inerte, de la que se pueda disponer como a uno le venga en gana”.
“Hay que decirlas y pensarlas de forma consciente. No hay que dejar que salgan de la boca sin que antes suban a la mente y se reconozcan como algo que no sólo sirve para comunicar”.
Si una democracia depende en buena medida de la calidad de las formas de comunicación que la hacen posible, es necesario rehabilitar la vida pública, llenando el presente de palabras y actos que permitan imaginar horizontes nuevos dado que faltan propuestas y sobran escándalos en el estéril panorama intelectual de los medios. Las imágenes no siempre dicen la verdad, porque la mentira es siempre impulsada para restar su fuerza cuando se hace algo contra el mal, no contra el bien. La verdad está compuesta por fragmentos de realidades que poseen otras personas.
*Autor del ebook: “Periodismo para Profesionales”.
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