La cifra de víctimas fatales por los devastadores terremotos que sacudieron Venezuela el pasado 24 de junio ascendió a 4.490 muertos, según informó el presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez.Además, se registran 16.740 heridos y más de 17.900 personas sin vivienda. Las zonas más afectadas fueron el estado La Guaira y sectores de Caracas, donde se produjeron graves daños en miles de estructuras.
En medio de la emergencia humanitaria, un grupo de 33 bomberos voluntarios de la Federación de Bomberos Voluntarios de Córdoba (Argentina) regresó tras siete días de trabajo en La Guaira y denunció situaciones que agravaron el drama de las familias afectadas.
Asimismo, Gustavo Nicola, director de operaciones de la brigada cordobesa, reveló que detectaron estafas dirigidas a familiares de personas atrapadas bajo los escombros. Según relató, “había casos de gente que iba con familiares de desaparecidos y les pedían plata con la promesa de llevarles un equipo de rescate. Le pagaban y después esa gente nos venía a buscar a nosotros. Les tuvimos que decir que no lo hicieran más, porque ese hombre les cobraba seguro para llevarnos a nosotros a trabajar”.
Además de las estafas, los bomberos argentinos denunciaron el robo de herramientas y equipos por parte de pseudo-brigadas no autorizadas. “Incluso, esas mismas brigadas te roban las herramientas para después alquilártelas o venderlas”, aseguró Nicola.
Estas personas operaban sin coordinación con el comando central de emergencia, sin maquinaria ni elementos de protección, lo que generaba desorden y ponía en riesgo la seguridad de los operativos.
Los bomberos cordobeses trabajaron junto a fuerzas locales y el ejército venezolano en la recuperación de cuerpos. Nicola advirtió que, una vez que se retiraron las brigadas internacionales especializadas, comenzaron a ingresar maquinaria pesada para retirar escombros sin realizar búsquedas exhaustivas, lo que podría dejar muchos desaparecidos sin localizar.
La misión, según describieron los rescatistas, fue extremadamente dura tanto física como emocionalmente, marcada por la convivencia entre la solidaridad de muchas personas y la codicia de otras que se aprovecharon de la desesperación de las víctimas.
Las autoridades venezolanas continúan con las tareas de asistencia, mientras organizaciones internacionales como el Programa Mundial de Alimentos lanzaron pedidos de ayuda para atender a cientos de miles de damnificados.
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