jueves, 22 de noviembre de 2018

MACRI APUESTA A LA SINTONÍA CON LOS LÍDERES MUNDIALES PARA CERRAR ACUERDOS COMERCIALES

El G-20 de Buenos Aires marcará un punto clave en el viraje que hizo la Argentina en su vínculo con el mundo en los últimos años y marcará un claro contraste con la década de confrontación con parte de la comunidad internacional que caracterizó al kirchnerismo durante sus gobiernos. La relación entre la Argentina y el G-20 nunca estuvo mejor que ahora y el gobierno de Mauricio Macri buscará aprovecharlo. El Presidente tiene en carpeta una cargada agenda de prioridades para conversar con sus pares en las reuniones bilaterales que abarcan desde acuerdos comerciales hasta pedidos de financiamiento para obras de infraestructura.
Lejos del pedido de expulsión del Reino Unido, de las rispideces con Estados Unidos por la falta de apoyo ante los holdouts o del congelamiento de la relación bilateral con España por la estatización de YPF, esta vez la Argentina llega a la cumbre de mandatarios no solo como anfitriona, sino tras recibir una muestra de apoyo de las potencias al programa financiero de Macri, que la ubica ante el desafío de cumplir las demandas del Fondo Monetario Internacional (FMI) y alejar los fantasmas de que el país otra vez no pueda pagar sus deudas.
"Estamos presidiendo el foro más importante del mundo. Después de tantos años es volver a estar en primera", desliza en términos futbolísticos un funcionario clave en la trastienda de la cumbre.
La estrechez del vínculo con el mundo volverá a ponerse a prueba durante el encuentro de la semana próxima, cuando Macri mantendrá una serie de encuentros bilaterales en los que agradecerá el apoyo para lograr un nuevo acuerdo con el FMI, buscará abrir caminos para que empresas privadas participen de programas PPP de infraestructura (particularmente con China) y explorará nuevos acuerdos en materia de energía (con Estados Unidos y Rusia), entre otras metas.
Pero pese a la solidez del vínculo actual, la historia marca un camino sinuoso con puntos muy altos como el actual y peligrosamente bajos como cuando hubo pedidos para que nuestro país fuera expulsado definitivamente.
La Argentina llegó a formar parte del grupo en 1999 -durante la presidencia de Carlos Menem- por iniciativa del entonces presidente de Estados Unidos Bill Clinton, que eligió a tres países sudamericanos (nuestro país ingresó junto a Brasil y México) y otros del mundo para sumarse al que integraban las siete las naciones consideradas las más poderosas (Estados Unidos, Francia, Japón, Alemania, Canadá, Reino Unido e Italia), con el objetivo de aumentar la representatividad global de lo discutido en el grupo. Hoy, el G-20 representa el 85% del PBI mundial, el 80% de las inversiones globales, el 75% del comercio internacional y el 66% de la población.
Durante los primeros años, los encuentros del grupo estuvieron encabezados por los ministros de Economía y los presidentes de los bancos centrales, y fue recién tras la inmensa crisis financiera de 2008 y 2009 que se decidió elevar el nivel de las reuniones a jefes de Estado.
Fue en ese primera cumbre de mandatarios cuando Cristina Kirchner aseguró que se estaba frente al "final de un modelo económico y político". Ese primer discurso anticipó la postura de confrontación que desarrollaría años más tarde.
La Argentina no estaba bien posicionada en el grupo. Para esa fecha, el país ya había estado bajo la lupa de naciones miembros del G-20, como Alemania o el Reino Unido, y de otros satélites, como Chile, que cuestionaban la pertinencia de que nuestro país siguiera formando parte del grupo después del default de 2001. Sin embargo, la movida para expulsar a la Argentina no escaló.
Los años que siguieron evidenciaron en los encuentros de líderes el alejamiento del kirchnerismo de Occidente y el acercamiento al eje bolivariano en la región y a países como Rusia o China.
Uno de los años más tensos fue en 2013, en San Petersburgo, cuando la presidenta se enfrentó públicamente a Barack Obama por la disputa con los holdouts en la Justicia de Estados Unidos y la falta de apoyo del gobierno del demócrata. En la "foto familiar" de la cumbre, Cristina posó al lado de Vladimir Putin. "Si se lo cruzan a Obama, pregúntenle a él", dijo la ex mandataria horas antes.
El cambio de gobierno en la Argentina en 2015 llegó acompañado de un lavado de cara de la imagen de la Argentina en el exterior, marcó el final de una relación turbulenta con el grupo y abrió una etapa de expectativa, primero, y de sintonía después, reflejada en la decisión de alto simbolismo político de entregarle al país la presidencia del G-20, que concluirá después de la cumbre que tendrá lugar en Costa Salguero.
Fuente: LA NACIÓN

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