viernes, 26 de agosto de 2022

No es el Juicio, es el sistema. Por Yayo Hourmilougue


El problema más grave de argentina pasa casi, por la obviedad; Cada 4 años, hay un cambio de gobierno en la superficie.

Aunque en lo profundo, es solo alternancia. Si el peronismo gobernó el PEN durante muchos más años, no deja de llamar la atención que cada oposición estuvo allí, ocupando puestos, o en el Congreso Nacional.

Para cada Funcionario, explicar “gobernaron ellos”, es facilismo.

Mientras que para cada Ciudadano, “gobernaron siempre los mismos”.

Hoy, llegamos al punto en que ya no pueden ponerse de acuerdo y la torta estatal se achica. Muy pocos son conscientes que al Ciudadano, esa torta se le achicó a principios del 2001/2, y desapareció poco a poco desde 2011 desaprovechando las mejores etapas. Cualquier Ciudadano está más cerca de lo que representa la noción del emprendedurismo y la producción que cualquiera de sus representantes. Desde un cartonero a un PyME, saben más, se sacrifican más. Y viven con mucho menos.

Tampoco se puede alegar un problema de bipartidismo, inexistente en el país desde aquella Alianza. Los integrantes de diferentes fuerzas partidarias han tenido origen a veces en el Peronismo para terminar en el Pro, y han cumplido con más de un cargo cambiando de un lugar a otro. No sería tan grave, si las consecuencias de esto, para que luego se pasen facturas por este mismo tema, no fueran tan nefastas para el país.

No hay excusas para nadie. La Señora CFK gobernó 3 períodos en los que Argentina declinó, tiempo en que cada supuesto opositor fue parte de un gobierno de 3 poderes. Lo que ellos ven en el nivel superior como diferencias profundas, para el ciudadano son simples abstracciones donde los representantes encuentran con qué sacarse cada responsabilidad de encima.

No hay en Argentina, Izquierda, Centro o Derecha salvo en la raigambre discursiva, casi dialéctica. Tampoco deberían haberlas, hay en cambio, una mezcla bizarra de acontecimientos que traemos desde la misma historia colonial, pasando por unitarios y federales, para demostrarnos hoy que sólo los intereses de grupo, tengan el nombre que sea, han pugnado y lo siguen haciendo por protagonismo e interés propio. Por Poder y una Alta Posición Social.  En Argentina “El statu quo es el nombre de los políticos”, como los crímenes en una abadía del norte de Italia lo son para “El Nombre de la Rosa”.

Sin sincerar esta situación crítica, nadie podrá gobernar libremente, y cada ciudadano en cada elección seguirá votando lo que haya o encuentre, aunque cada vez, con mayor desconfianza.

¿Existe aun así, la buena gestión? Sí. Desde ya. En un puñado de Intendentes, algún gobernador, y un puñado de Legisladores que se meten en su función y lo demuestran con hechos. No son de lejos, la mayoría.

Hoy la Política exige abandonar los negocios de pocos y la corrupción, ensayar método, honestidad, organización, administración, gestión, conocimiento, capital social, tecnología, y hacerlo con lo que tenemos y producimos, que es mucho, abrirse al mundo al tiempo que se establece una plataforma de organización interna por prioridades. Se trata de “administrar bien lo recaudado, y generar la participación de cada Sector Productivo”. Impuestos justos, y la reinversión necesaria. Lo mismo en áreas de Servicios. Sobraría con un buen manejo de prioridades. Para citar un ejemplo, por estos días, hubiera sido preferible «achicar Aerolíneas Argentinas, antes que la Educación».

Sino lo intentan, se auto condena la propia dirigencia, y condenan a cada argentino.

El hecho que cada político se desespere en campaña prometiendo lo que no tiene ni puede, para obtener mayor cantidad de electores, implica un fin en sí mismo. De éste concepto al populismo hay un paso. Lo popular, es espontaneo. Lo populista es una construcción de tiempo y dinero sobre personas que deben fidelizar a políticos, desesperados por no perder poder.

Es una de las razones por las cuales la Señora CFK y quienes ensayan una defensa corporativa a su favor, desafían la Justicia ante una causa qué, sin entrar en ella, debería ser sencilla como en cualquier país civilizado. Todo se demuestra ante la justicia, y se deben mantener las garantías necesarias de defensa para cada sujeto imputado de cualquier dolo. Después de todo, el tiempo finalmente en toda causa política, siempre los ha beneficiado.

Defensa corporativa en tanto es sistémica, mantiene una postura torpemente ideologizada, sumada a infaltables intereses. Se trata de mujeres y hombres con roles, con cargos, convencidos que lo que hacen es lo correcto, desconocen la independencia de poderes porque por sus visiones, es imposible analizarlo desde la letra de la Constitución Nacional, sino desde lo que han sido y son sus vidas mismas. Y atención, la Señora, no es la única que ha pasado por la presidencia, que tenga una causa judicial en proceso que la saque de quicio. Hay otros casos de mandato cumplido con causas detenidas, anteriores y recientes. Imposible que el Ciudadano desconozca estos temas. Ninguno de ellos pasan un análisis de orina.

Como políticos, adolecen de todo aquello que han creado y afianzado durante décadas. Y si la Constitución es clara, para ellos, puede tener varias interpretaciones. Lo ven desde la política, y no como algo que finalmente ha surgido desde otro poder. Un poder judicial que al mismo tiempo desestiman, de la misma manera que tratan a la sociedad con “un paternalismo que nadie les ha otorgado”. Asumen como una regla rectora decirle a la sociedad cómo se debe gobernar, sin asumir sus fracasos a costa de semejantes miserias ajenas y de un país camino a la destrucción económica y social.

Moral, ética y de valores, también.

Por otra parte, es un error “juzgar la personalidad de una exmandataria”, actual vicepresidenta. Demostrarle odio o cariño. En tal caso, hay especialistas, psicólogos, no periodistas, no pares, no opositores. Intentarlo, significa que el hecho regrese a lo sistémico, es ir al juego conocido, no importando si el mismo imputado lo cree, lo produce, lo apropia, lo aprovecha, lo explota para sí, o no. Todos debemos responder ante la justicia con los mecanismos que la misma Justicia, la Constitución y el Código Procesal Penal o el Código Civil nos conceden. El sistema permite desde la falacia, el re-empoderamiento, la candidatura relanzada, sin que se pueda leer con facilidad, sino entre arbustos y pastizales. Regresar a lo sistémico, es algo que el sistema ha previsto.

La Justicia tiene otros problemas, muchos, Jueces que no trabajan y puertas giratorias. Jueces temerosos o temerarios de causas que les llegan. Compromisos políticos que generan el abandono de la gestión que ocupan. Y morosidad.

Si un jubilado se muere sin cobrar más allá de lo que legisla el poder o lo que ordena un ejecutivo o un ministro, quien sufre es el ciudadano, o el familiar de un jubilado que murió sin ver su derecho adquirido aun con una sentencia firme. La Corte en este caso funcionó, y la política no obedeció el mandato judicial. Estamos ante un caso en el que la Anses fue más poderosa que La Corte Suprema.

Los 3 periodos presidenciales de la Señora, y la Oposición obrante de esos momentos, generaron una lenta agonía argentina. El Macrismo que llego agudizó cada crisis. Sí, teniendo oportunidad de hacer tanto y bien, fue incapaz de solucionar lo que se requería. La dimensión agigantada de la deuda externa aun está pendiente de explicaciones validas, junto a otros temas nada menores. Y el actual gobierno, ha precipitado la debacle final, gravosamente, al permitir que «el internismo arrase la ejecutividad electa».

¿Pueden cualquiera de ellos, antes que pelearse y objetar la Justicia o apoyarla, mirar a la cara a cada asalariado, a un emprendedor, a cada jubilado, a cada docente, a cada médico público, a quien vio el corte de cintas de una obra que jamás se hizo o, al familiar de quien murió en la calle cuando fue a trabajar?

Si les importara, no podrían hacerlo.

Si quienes quieren conducir al país políticamente, no interpretan ni asumen sus responsabilidades, y siguen enfrentándose en sus galácticas batallas mediáticas de estratósfera mediante redes, micrófonos y pantallas, sin resultado alguno, sin salir de la jaula de combate que para ese fin han creado, están descuidando el país. Lo que se les exige es “Gestión”, lo que no se ve. Y respeto por la división de Poderes. Un respeto, donde la Justicia debe además, autocriticarse y corregir.

En política, es un pugilato con ciudadanos ausentes. Peleas sin platea. Excepción de quienes toman partido mediante una grieta de redes, que al parecer también han sido útiles para este tipo de finalidades o se las ha tomado como tales; declaraciones, comunicados, nombramientos de funcionarios, periodistas enfervorizados, posiciones partidarias sin partidos claros, por twitter.

Hay o debería haber, se debe insistir en esto, guste o no,  gobierno hasta diciembre de 2023. No es una composición menor.

Y hay del otro lado, en la ciudadanía, sí, la ciudadanía está del otro lado del sistema, a no ser que intervenga un sociólogo neutro y profesional, “un empoderamiento de decepción” que va tomando una dimensión mayor al propio sistema político conocido.

Y eso es lo peligroso. La peor violencia, es lo que han hecho en décadas, Gobiernos y Oposiciones. La peor violencia, es no creerles. La peor violencia, es la que no se ve. La peor violencia no es esa marcha organizada de uno u otro lado, sino el silencio.

La peor violencia es el abuso sobre el manso. Y el manso es el reservorio de la peor violencia.

Carlos Yayo Hourmilougue

Periodista.

Director de LaQuintaPata-La5Pata y Radio Consumer Periodismo.

Fuente: www.la5pata.com

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