lunes, 1 de enero de 2024

Belgrano: el Prócer visionario


     Por Ernesto Martinchuk

En septiembre de 1810, la Primera Junta de Buenos Aires designó a Manuel Belgrano al frente del ejército que se encaminará al Paraguay. En su andar, las tropas que partieron de Buenos Aires atravesaron el litoral. Santa Fe, Entre Ríos, Corrientes y Misiones, fueron los lugares por donde transitaron aquellas huestes desafiando lo desconocido en una gesta considerada una de las más notables operaciones que registra la historia militar argentina. En su tránsito por la actual Mesopotamia argentina, Manuel Belgrano comprobó la miseria en que vivían los pueblos de las misiones guaraníes, explotados por los hacendados, tanto peninsulares como criollos. La respuesta a esta realidad social fue la redacción del “Reglamento Para el Régimen Político y Administrativo y Reforma de los 30 Pueblos de las Misiones”. Son treinta artículos, difundidos en Tacuarí, el 30 de diciembre de 1810, que reflejan el espíritu ilustrado de Belgrano al impulsar la libertad individual de los pueblos originarios.

Un poco de historia

A mediados del siglo XVI a los indios se los definió como vasallos libres de la Corona; no estaban ligados a los españoles por relaciones legales, servidumbre o esclavitud. La relación servil adquirió formas más específicas, se requería que los miembros de las comunidades pagaran tributo y realizarán trabajos. La justificación legal y teórica se basó según el pensamiento colonial en el reconocimiento de la situación de súbditos de la corona, pues debían a conquistadores y misioneros agradecimiento por el beneficio de haberlos conducido a la civilización y la evangelización, mera justificación ideológica para la explotación y la dominación.

Las Misiones sufrían una larga agonía desde la expulsión de los jesuitas y sus tierras lentamente se iban deshabitando. Entre Ríos, Corrientes y la Banda Oriental eran regiones en formación; existían infinidad de problemas territoriales por resolver; deslindar jurisdicciones, crear organismos administrativos y policiales, instalar nuevos núcleos urbanos y asegurar la educación. Debió responder al pleito que desde mucho tiempo atrás sostenían Curuzú Cuatiá y Yapeyú por el área sudeste de la actual provincia de Corrientes, Belgrano decretó su solución determinando salomónicamente cada jurisdicción y a partir de entonces terminaron los conflictos jurisdiccionales entre Misiones y Corrientes por la región sudeste de la actual provincia. Corrientes expandía sus fronteras interiores, alentado por el valor de sus productos ganaderos que eran adquiridos por la demanda de charque y cueros tanto en regiones aledañas al Plata como el norte del Brasil y el Caribe.

El “Reglamento” garantizaba los derechos políticos de los “naturales” haciéndolos participar del gobierno de sus pueblos, poniendo fin a los abusos jurídicos sobre ellos, los auxiliaba económicamente protegiendo la producción de yerba, liberándolos del tributo, estimulaba el  bilingüismo, medidas de tipo sanitarias, entregándoles tierras e instrumentos de labranza y cría, velando que no fueran explotados laboralmente por hacendados y funcionarios, confiando su defensa formando milicias, mostrando preocupación por su educación, propiciando la urbanización, castigando severamente a los enemigos de la revolución y los abusadores de los originarios.

El “Reglamento” tendía a uniformarlos culturalmente, no reconociendo sus culturas, sus concepciones, prácticas religiosas y formas de organización ancestrales: el principio vector se fundamentaba en que estos eran inferiores a la cultura cristiana y como tales objetos de tutela.

Belgrano estaba convencido de que los guaraníes habían sido despojados de sus derechos individuales por los jesuitas que los habían educado en un régimen sin comprender las tradiciones de aquellos; partía del principio de la libertad individual propio de la mentalidad ilustrada de la época; pretendía que convivieran guaraníes y blancos en un marco de franca igualdad.

Tras las derrotas de Paraguarí y TacuaríBelgrano dejó Misiones con destino a iniciar el sitio de Montevideo, pero fue separado del mando del ejército y llamado a Buenos Aires calificado por las derrotas en Paraguay. Mientras tanto el Litoral y las Misiones, comenzaron a recibir la influencia de José Gervasio de Artigas.

Los artículos del “Reglamento” de Belgrano fueron poco atractivos para los porteños, y su destino estuvo ligado a la suerte de la expedición al Paraguay. Luego también conspiró contra ello la dificultad de establecer y definir los límites de la actual Misiones argentina, como la jurisdicción paraguaya y el espacio misionero que finalmente quedó para Brasil, situación que sólo se dio a fines del siglo XIX.

Las medidas de Belgrano sólo afectaron a los pueblos integrados en el territorio argentino, debido al fraccionamiento territorial con el Paraguay y con Rio Grande do Sul. Los pueblos que permanecieron bajo dominio paraguayo y portugués continuaron con la vieja estructura comunitaria, tutelados por administradores blancos.

Las comunidades guaraníes del Paraguay dejaron de perder población por las políticas implementadas por el gobierno de Francia para todos los pueblos paraguayos. La situación de los guaraníes de las misiones en el territorio argentino era diferente, siguieron viviendo en forma paupérrima bajo la explotación de los hacendados y descuidados desde el gobierno central. Por las guerras entre Andresito y Chagas Santos se destruyeron pueblos, llevando al exterminio total de sus habitantes y produciendo una ocupación del área con criollos y mestizos.

En el “Reglamento” de Belgrano se puede observar que en la dirigencia revolucionaria criolla rioplatense existió una corriente preocupada por el indígena que se reveló en varias reivindicaciones; igualdad y libertad respecto al español criollo, representación política en sus comunidades, y eliminación del tributo comunal por considerarlo un instrumento de opresión de la corona.

Belgrano demostró ser para la época un gran humanista y a diferencia del resto de la elite porteña, fue pionero en la preocupación por la situación social de los pueblos originarios, intentando defender sus derechos. Le preocupó la situación de las comunidades y entró en contacto con ellas, e insistió en su libertad total y el reconocimiento de sus derechos.

Belgrano y la Constitución Nacional

El legado del “Reglamento” no se olvidó. En el caso de Andresito, -máximo prócer misionero que se destacó por su audacia y valor en defensa del ideario federalista- había estado con Belgrano en su ejército, viviendo toda la campaña, así que lo conoció. La pregunta es si como gobernante de las Misiones por encargo de Artigas lo aplicó o si no tuvo tiempo de hacerlo por la guerra civil con el Directorio de Buenos Aires y luego la invasión portuguesa en guerra con Artigas en la Banda Oriental.

Además, el “Reglamento” es un antecedente Constitucional de 1853, enumerado por Juan Bautista Alberdi e incorporado posteriormente a la letra de la Carta Magna de la Provincia de Misiones, que lo considera una de sus contribuciones al origen revolucionario argentino de 1810.

El momento actual

Se ha invocado la figura de Manuel Belgrano entre los fundadores de la Nación y el país, pues su compromiso económico nacional, comprensión de la importancia de la educación, defensa de la soberanía ciudadana, y aquí también preocupación por el bienestar de los desposeídos es incontrastable. Entonces se hace pertinente recuperar este aspecto del legado belgraniano, tan apreciado por los liberales de aquellos tiempos para demostrar también a los políticos actuales que pueden evocar el acervo histórico como antecedente para la reivindicación del país con fundamento histórico.

El pensamiento de Juan B. Alberdi y la Constitución Nacional constituyen un sistema integrado de ideas y de organización institucional que atravesó la política, el derecho y las instituciones del país. Apenas hace falta mencionar que el Texto Fundamental sancionado en 1853 –con las reformas de 1860- constituyó una obra de sabiduría jurídica que engarza magistralmente una sólida y sobria estructura racional-normativa, con el sustrato histórico-cultural de una sociedad en formación y un Estado en construcción.

En este difícil momento, dentro del espacio de convicciones, reacciones jurídicas difusas, relatividades éticas, realismo disfrazado de pragmatismo, pensamiento amputado y neutralidad valorativa, donde se intentaron implementar “otros modelos”, es un buen punto de partida retomar, todos, la lectura de Alberdi. Desde allí podremos y debemos vislumbrar el camino de una Argentina que se encuentra con el dilema de la cuestión ética y el problema moral.

“Los hombres y pueblos en decadencia viven acordándose de dónde vienen, los hombres geniales y pueblos fuertes sólo necesitan saber a dónde van”. José Ingenieros.

No hay comentarios.: